La Semana Santa de 2026 se cierra con un balance mayoritariamente estable o positivo para la hostelería. El 77,6% de los negocios declara una evolución igual o mejor que en 2025, aunque con una marcada disparidad de resultados según destino y actividad. La campaña estuvo sostenida principalmente por el turismo nacional, con un gasto medio concentrado entre 20 y 40 euros, aunque con segmentos relevantes de mayor gasto. Las reservas ganaron peso, reflejando una mayor planificación de la demanda.
La Semana Santa presenta un comportamiento desigual por territorios, muy condicionado por la climatología, el tipo de destino y el peso del turismo nacional, con diferencias claras entre costa, interior y grandes ciudades.
Norte (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco): Evolución irregular, condicionada por el mal tiempo y una menor afluencia turística, especialmente en hostelería urbana y ocio nocturno.
Centro (Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha): Resultados desiguales, con debilidad en grandes ciudades por la salida de residentes y mejor comportamiento en destinos de interior turístico y rural.
Andalucía: Balance mixto, con resultados positivos donde el tiempo acompañó y retrocesos ligados a menor gasto medio y fuerte dependencia de días clave.
Arco Mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Región de Murcia): Comportamiento en general más favorable, apoyado en el turismo nacional y buena ocupación en zonas costeras, aunque con presión sobre márgenes.
Baleares Evolución estable, con buena ocupación, pero gasto contenido y elevada sensibilidad al aumento de costes.
No obstante, la presión de los costes —especialmente en personal, energía y aprovisionamientos— continúa afectando a la rentabilidad, incluso en establecimientos con buen comportamiento. El clima adverso, la contención del gasto y la incertidumbre económica explican buena parte de las evoluciones negativas. En conjunto, una Semana Santa razonablemente favorable para el sector, pero que vuelve a poner de manifiesto retos estructurales persistentes.
RESULTADOS DE LA ENCUESTA
Valoración general de la Semana Santa 2026
La Semana Santa de 2026 presenta un balance mayoritariamente estable o positivo respecto a 2025. Más de tres de cada cuatro establecimientos (77,1%) señalan que la evolución fue similar o mejor. Un 33,8% declara una mejoría, mientras que el 22,9% afrontó una campaña peor.
Este reparto pone de manifiesto una Semana Santa desigual, con resultados favorables en ciertos destinos y negocios, pero con dificultades persistentes en otros, especialmente vinculadas a factores externos como el clima o la demanda turística.

Evolución de la facturación
En cuanto a la facturación la Semana Santa muestra un comportamiento desigual, con resultados extremos tanto al alza como a la baja. Esto refleja una mayor polarización de resultados, con establecimientos muy beneficiados y otros claramente perjudicados.
Entre los establecimientos que mejoraron resultados, destaca la intensidad del crecimiento. Casi dos tercios registraron aumentos de facturación superiores al 5%. Más de un 38% superó incluso el 10%, lo que apunta a una demanda concentrada y a una buena respuesta del consumo allí donde la afluencia fue favorable. Por el contrario, entre quienes empeoraron, casi la mitad sufrió caídas superiores al 10%, lo que indica que cuando la campaña fue negativa, lo fue de forma significativa, sin términos intermedios.

El turismo nacional, principal sostén de la actividad
La Semana Santa de 2026 estuvo claramente sostenida por el turismo nacional, que fue predominante en el 68% de los casos, seguido del cliente local o habitual (22%). El turismo internacional tuvo un peso reducido (en torno al 10%), lo que confirma que, más allá de destinos muy concretos, el periodo estuvo impulsado sobre todo por la movilidad interna. Este patrón explica en parte tanto la buena evolución en determinadas zonas como la contención del gasto en otras, especialmente en áreas menos turísticas.

Gasto medio contenido, pero con segmentos de mayor valor
El gasto medio se concentró fundamentalmente en tramos medios. El intervalo 20–40 euros fue el más habitual, señalado por más del 42% de los establecimientos. No obstante, casi uno de cada cuatro situó el gasto por cliente por encima de los 60 euros, especialmente vinculado a restauración y alojamiento de mayor valor añadido.
Estos datos sugieren que, aunque existe cierta prudencia en el consumo, una parte relevante de la demanda mantiene niveles de gasto elevados, especialmente cuando la experiencia o el destino lo justifican.

Más reservas y mayor planificación
Las reservas jugaron un papel clave durante esta Semana Santa. En más de la mitad de los negocios, las reservas representaron más del 50% de la ocupación. En un 36%, su peso fue muy alto, superando el 75%. Esto confirma una mayor anticipación del cliente, frente a la menor presencia de consumo espontáneo, aunque sigue existiendo un 12% de establecimientos —principalmente bares— que no trabajan con reservas.

Los costes continúan tensionando la rentabilidad
Uno de los aspectos más destacados del informe es la presión generalizada de los costes. Aprovisionamientos, energía y personal aumentaron en la inmensa mayoría de los establecimientos. En el caso del personal, casi un 40% declaró incrementos “importantes”, reflejo del impacto del aumento salarial, cotizaciones y extras en campañas festivas.
Esta evolución está erosionando los márgenes, incluso en negocios con buena facturación, y se consolida como una preocupación estructural del sector.
Climatología e incertidumbre económica, principales factores negativos
Entre los establecimientos que registraron peores resultados, las causas más citadas fueron el mal tiempo, la menor afluencia turística, la contención del gasto y la incertidumbre económica, junto a cambios en los hábitos de consumo, como la reducción de cenas o la concentración de clientes en determinados días y zonas.
Impacto limitado del conflicto en Oriente Medio
Para la mayoría del sector (65%), el conflicto en Oriente Medio no tuvo impacto en la actividad durante Semana Santa. No obstante, un 24% percibió un efecto negativo, mientras que un 12% considera que pudo beneficiar a algunos destinos por el desvío de flujos turísticos.
